sábado, 12 de abril de 2008

PARA APRENDER ALGO MÁS

Mientras ustedes estuvieron disfrutando de hermosos días todos juntos, aquí en Buenos Aires, la llama olímpica que iniciará los juegos en China en el mes de agosto, viajaba por nuestras calles transportada por unos ochenta deportistas.
Les cuento...

En su camino a los Juegos de Pekín 2008 que se realizarán entre el 8 y el 24 de agosto, la llama olímpica pasó el viernes 11, sin problemas por Buenos Aires, acompañada de un fuerte operativo de seguridad. Su paso por las calles de la ciudad convocó a unas 30.000 personas.
En la mano del múltiple medallista olímpico Carlos Espínola (yachting), la antorcha empezó un recorrido de casi 140 cuadras en el barrio de Puerto Madero, después de un espectáculo de danza brindado por Iñaki Urlezaga y los discursos de la vicepresidente del Comité Olímpico Argentino, Alicia Morea, y del jefe de gobierno porteño, Mauricio Macri.
Espínola reemplazó en el comienzo del trayecto a Diego Maradona, quien estaba anunciado como el primer relevista de la llama olímpica, pero prefirió permanecer en México.
Después de unas tres horas de marcha de los 80 relevistas, la ex tenista Gabriela Sabatini, ingresó con la llama olímpica en el Club Hípico Argentino, su destino final, donde como clausura de los festejos brindaron un concierto Soledad Pastorutti y Luciano Pereira.
La llama, que llegó el jueves por la noche a Buenos Aires procedente de San Francisco emprendió su viaje ahora a Dar es Salaam, capital de Tanzania (África), próxima parada en su viaje a Pekín.
El símbolo olímpico inició su camino el pasado 31 de marzo para viajar a través de 22 de ciudades de 19 países de todo el mundo hasta concluir su trayecto en China.

UN POCO DE HISTORIA
La llama olímpica, o fuego olímpico, es uno de los símbolos de los Juegos Olímpicos, y evoca la leyenda de Prometeo, que habría robado el fuego a Zeus (En la mitología griega Zeus es el rey de los dioses olímpicos, gobernante del monte Olimpo y dios del cielo y el trueno) para entregarlo a los mortales. Durante la celebración de los Juegos Olímpicos de la antigüedad, en Olimpia, se mantenía encendido un fuego que ardía mientras duraran las competiciones, siendo esta tradición reintroducida en los Juegos Olímpicos de Amsterdam 1928.
En los Juegos Olímpicos de Berlín 1936, se realizó por primera vez una marcha de atletas para transportar una antorcha con la llama, desde las ruinas del templo de Hera en Olimpia, hasta el Estadio Olímpico de Berlín. La carrera de la antorcha pasaría a formar parte de los Juegos Olímpicos.

El encendido de la llama en Olimpia
Unos meses antes de cada realización de los Juegos Olímpicos (la fecha exacta varía de acuerdo con la duración del recorrido hasta el estadio Olímpico), la llama es encendida en Olimpia, frente a las ruinas del templo de Hera, en una ceremonia que pretende volver a vivir el método usado en la antigüedad y que se destinaba a garantizar la pureza de la llama: actrices que representan sacerdotisas colocan una antorcha en la concavidad de un espejo parabólico que concentra los rayos del Sol que, como en la antigüedad, enciende la llama que marcará el inicio de una realización más de los Juegos. La llama se usa para encender la antorcha olímpica, transportada por el atleta que hará el primer recorrido del viaje, y que la conducirá hasta el estadio donde se realicen los Juegos. Como prevención, unos días antes se enciende una llama, usando el mismo método, que entonces se mantiene encendida para ser usada si el cielo está nublado el día de la ceremonia.
A lo largo del tiempo se mantuvo la tradición de transportar la antorcha Olímpica con una carrera de atletas, pero en ciertas ocasiones se utilizaron medios de transporte especiales, por motivos de necesidad o de espectacularidad.
Es ya tradicional que el encendido de la llama durante la ceremonia de apertura de los Juegos sea efectuado de forma original y espectacular. En los Juegos de Barcelona 1992, por ejemplo, el arquero paralímpico Antonio Rebollo disparó una flecha incendiaria hacia el pebetero, desde el lado opuesto del estadio.
La primera mujer en encender el pebetero fue Enriqueta Basilio en las Juegos Olímpicos de México 1968.

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